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Los Tejidos hechos escultura de Claudia Hakim |
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Escrito por El Espectador
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Miércoles, 17 de Febrero de 2010 14:52 |
 Claudia Hakim es, antes que una escultora, una tejedora. A diario se sienta en su taller atiborrado de tuercas y pedazos de soldadura y en lugar de enhebrar hilos de algodón, coge toscos aros de acero
—que recolecta de los residuos de las fábricas cortadoras de metal— y los conecta con paciencia de bordadora unos con otros. “Mi materia prima es un retal que se desperdicia a pesar de estar nuevo, así que en cuanto me encontré con esas canecas llenas de aros, supe que podían entretejerse y podía crear algo con volumen que llenara el espacio de una manera particular”, confiesa la artista, que admite que el proceso es dispendioso: “cojo los aros, los selecciono, los abro, les hago un proceso de acabado, los encadeno y vuelvo y los cierro”. Después de días, la artista crea unas especies de cortinas largas y pesadas que invaden los espacios del techo al suelo. Durante años, Claudia fue diseñadora textil y ahora que sus creaciones han pasado del mundo industrial al del arte, es como si ese universo que casi todos desconocemos, el de los tejidos de punto, los circulares o los de cadena que componen unos jeans o una camisa de seda, salieran de su anonimato y por fuerza de un microscopio se hicieran enormes y visibles. Hakim vuelve escultura la complejidad de las estructuras textiles. Entretejer estos materiales poco nobles y crear ese conjunto de cadenas que colgadas parecen livianas y que recaen sobre el piso como si fueran mares, llevó a la artista bogotana a ser la invitada para inaugurar la sala temporal de la Galería Nacional de Arte Moderno, de la India. Esa técnica, que en otros continentes fue admirada casi como alta joyería, es la que en esencia compone la muestra ‘Resplandor’, que se expone por estos días y hasta el viernes 20 de febrero en la Galería Mundo de Bogotá como parte del proyecto 10 x 10. Pero los tejidos de Hakim no se reducen a las posibilidades del acero en forma de aros. Tornillos y tuercas han sido también material útil para crear texturas que vistas a la distancia parecen tapices o se asimilan a la piel de un reptil. Efectivamente, puestos sobre arcos metálicos o diseminados en la pared, estos tornillos que salen y se esconden de forma ordenada crean unas texturas muy particulares que incitarán sin remedio a que el observador quiera pasar su mano sobre ellas. Para Claudia Hakim, la obra estará completa sólo en ese momento: cuando sus tejidos macrogigantes y sus pieles metálicas sean rozados por el tacto de quien los admira. (El Espectador)
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