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Hace 130 años moría Flaubert: el redentor de la adúltera |
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Escrito por El Mercurio
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Domingo, 09 de Mayo de 2010 11:29 |
 "Hay en mí, en términos literarios, dos hombres distintos: uno impregnado de bravuconadas, de lirismo, de todas las sonoridades de la frase y la idea; y otro que busca con afán lo verdadero, que
adora el suceso pequeño como el grande y que querría hacerlos sentir en forma casi material lo que reproduce", refería el escritor galo nacido en 1821. Aunque en Gustave Flaubert (1821-1880) vibraba un temperamento romántico, él condujo la novela a la observación metódica y objetiva con un rigor científico que le vendría por parte de su padre, un reputado médico normando. A su vez, presenta a sus personajes con tanta agudeza sicológica y deleite estético narrativo, que Madame Bovary, con sus bucles negros lustrosos, sus trajes de seda y enaguas, y su tormentosa incursión en la mediocridad de la especie, pervive en la memoria colectiva como una mártir. "Mi pobre Bovary sufre y llora en veinte pueblos de Francia", diría Flaubert. "Madame Bovary", su novela más conocida, publicada en 1857, tras cuatro años de escritura, fue recibida con escándalo, por la liviandad con que describe la conducta de la adúltera y su trágico fin, autoenvenenada. Emma Bovary es María Magdalena del siglo XIX y Flaubert, el que incita a no tirarle la primera piedra. El autor se esmera en trazar el perfil humano de su protagonista desde la infancia y va encadenando los sucesos posteriores como si un natural determinismo la hubiese conducido a los brazos de su amante, y luego a su suicidio, el que nos ofrece con tétricos y minuciosos detalles. Ciertamente, una osada interpretación para la época, y su modelo de aproximación al personaje influye hasta en Truman Capote, quien un siglo más tarde se interna en la piel de los asesinos en la novela "A sangre fría". Cuando Flaubert pronuncia su célebre frase "Madame Bovary soy yo", el escritor invita a reflexionar sobre la bajeza de cada uno, de nuestros amargos actos fallidos, que son universales. Y, a lo largo de toda su obra, se lee que la verdadera tragedia de Emma es haberse llenado de falsas ilusiones respecto de una felicidad que le estaba negada. Esta capacidad de autoengañarse recibe el nombre de "bovarismo". "Lo medular de la narrativa francesa del siglo XIX pasa, sin duda, por su educación sentimental, por sus viajes, por sus procesos bovarianos, por sus tentaciones en el novelar lo vivencial y lo humano de una época, en el hacer trascendente una obra tan vigente hoy como hace dos siglos", expresa el escritor Jaime Quezada. Flaubert tuvo una vida bastante apagada. Solterón y enfermizo, su gran amor fue una mujer a la que se atrevió a escribirle una carta 35 años después de conocerla, pero sólo mantuvo una esporádica relación con una poetisa, Louise Colet. Su pasión fueron los viajes y luego investigar, observar, documentar y arrojarse a la página blanca, encadenándose frase por frase y palabra por palabra, en un culto al estilo que fue su Dios y su carcelero. Acusa al final de sus días: "Pocos hombres habrán sufrido tanto como yo por la literatura". (El Mercurio)
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